Niños y protocolo (II)

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En el capítulo anterior dábamos unos sencillos ejercicios de iniciación al protocolo y las buenas maneras para los más pequeños, sobretodo basados en los conceptos más básicos del comportamiento en sociedad. También señalábamos que especialmente los niños, hasta bien entrada su adolescencia, funcionan como grandes captadores de influencias, tanto de su entorno más inmediato, padres y demás familiares, como de aquellas influencias externas que aprenden en la escuela o la calle.

De modo, y es muy importante creerlo así, el primer pilar de su aprendizaje son sus propios padres. Y el primer paso para inculcar buenas maneras en ellos es conocer cómo son y cómo actúan.

Aquí tenéis una lista de puntos importantes para su educación y su aplicación directa en las normas de protocolo social:

  1. Ellos hacen lo que tú haces

Su rol de exploradores de este mundo tan lleno de cosas nuevas para ellos les convierte en expertos imitadores. Así, aquello que ven como un patrón de comportamiento que se repite en múltiples ocasiones acabará siendo aceptado por ellos e inmediatamente adoptado en sus costumbres.  Si quieres que tus hijos digan “gracias”, dilo tu primero. Si no quieres que tus hijos levanten la voz, utiliza tú mismo un tono de voz suave y educado.

children's imitation game

  1. Muéstrales cómo te sientes

También llamado empatía, les hace ver la reacción de su comportamiento en ti, como si de un espejo se tratara. Deberíamos usar expresiones como “estoy molesto porque hay tanto ruido que no puedo hablar por teléfono”. Al usarnos a nosotros mismos como sujeto les damos la oportunidad de ver las cosas desde nuestra perspectiva.

 niños ruidosos

  1. Cambia la perspectiva

Estar de rodillas o en cuclillas a su lado es también una herramienta muy poderosa a la hora de transmitirles algo importante para ellos. Darles un consejo o una lección desde su perspectiva hace captar su atención y aumenta su concentración en lo que le estamos diciendo o pidiendo.

O al contrario, si se trata de acercarles a nuestro mundo de adultos, enseñarles a poner la mesa o a interesarse por la cocina, es bueno que lo perciban desde nuestra perspectiva. Eso también aumentará su interés y su concentración.

 perspectiva de niño

  1. Hazlos sentir importantes

A los niños les encanta contribuir en las tareas de “adultos”. Introducirles en algunas tareas sencillas que puedan realizar por sí mismos les hará sentirse importantes y desarrollarán un sentimiento de orgullo propio que les impulsará a realizar más tareas en otras ocasiones. De este modo llegarán a apreciar el gusto por el trabajo bien hecho, capacidad indispensable, por ejemplo, para un buen anfitrión.

 poner la mesa para niños

  1. Mantener el sentido del humor

Ya lo decía Mary Poppins que “con un poco de azúcar esa píldora que os dan pasará mejor”. Y es verdad que no hay lección ni trabajo que resulte agradable si viene impuesta y sin motivación de ningún tipo. Sin embargo, desarrollar el sentido del humor no es tarea fácil, pues muy fácilmente puede utilizarse en exceso y malograr lo que tanto ha costado. Siempre habremos de marcarles un límite para que sepan en qué momento hay que para y evitar que echen a perder un evento o acto social o que nos hagan pasar un momento de ridículo.

 niños sentido del humor

Al final los niños no son más que adultos en potencia. Su aprendizaje es lento, sí, pero no obstante debe ser constante para que las lecciones no se olviden con facilidad. Con un esfuerzo por nuestra parte haremos de ellos los perfectos anfitriones del futuro.

joven gentleman

Gentlemen del siglo XXI: El arquitecto

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De joven me encantaba ver fotografías de edificios descomunalmente grandes, de geometrías diabólicamente complejas y estructuras que parecen imposibles de sostenerse. Alucinaba con los rascacielos y su construcción. Me deslumbraba la hermosura de las nuevas casas de campo, rodeadas de naturaleza… Y ante tal maravilla me decía a mí mismo que alguien que había creado tanta belleza debía de tener un gusto exquisito para todo. Y me imaginaba una mujer con un vestido elegante y unas gafas de pasta, o un hombre con americana entallada y zapatos de punta, peinando con su mano sus cabellos perfectamente cortados…

He de reconocer que todo aquello que me fascinó desde entonces fue mi motor más importante durante años y se convirtió en mi meta de futuro.

A día de hoy, arquitecto ya de profesión, debo confesar que el panorama actual todavía dista bastante de la imagen que en mi cabeza se formó durante mi juventud. Si bien se siguen proyectando edificios muy interesantes y hermosos, sus diseñadores brillan más por la genialidad de sus ideas que por su forma de vestir –sin ofender a aquellos que desde su humilde glamour particular ya contribuyen a la buena fama de este colectivo-.

Repasemos pues lo que todo arquitecto debería tener en su armario para lucirlo en su día a día.

Jersey y cárdigan. Originalmente de invierno, el jersey ha sufrido múltiples mejoras que lo convierte en prenda versátil y prolonga su uso prácticamente hasta el verano. De cuello de pico, en “V”, redondo,… siempre aportará un toque de elegancia a vuestro look.

Pero hay una prenda con cada vez más adeptos. El cárdigan. De punto liso y lana combina perfectamente con camisa o camiseta de vestir y resulta muy elegante luciendo corbata y abrigo en la época de más frío.

 jersey y cardigan

Zapatos de cordón. El mercado está plagado de calzados que imitan otros calzados, incluso de calzados que imitan calzados que imitan  otros calzados. Todo ello un despropósito en mi opinión. Nunca habrá nada más elegante que el clásico zapato de cordón que, con sus infinitas variaciones, dirán mucho de vosotros.

 zapatos de cordón

Abrigo tres cuartos. A caballo entre el clásico abrigo largo de caballero y las modernas pero informales prendas actuales, el abrigo tres cuartos vuelve a la carga y representa un artículo más que imprescindible por su porte distinguido pero sin perderse en el pasado, sus múltiples variaciones, juegos de botones, solapas y demás detalles y sus colores.

 abrigo tres cuartos

Pantalón chino. En el top 3 de popularidad, sólo por detrás del pantalón vaquero, encontramos el pantalón chino. Combinación perfecta de elegancia y sport, de corte recto o entallado, de múltiples colores,… es una prenda sencilla a la que sacar mucho partido.

 pantalón chino

Camisa. Tal vez la prenda por excelencia de todo el outfit. De algodón, seda o sintéticas, lisas o estampadas, de corte regular o Slim, para llevar con gemelos,… infinidad de posibilidades en combinación con el resto de prendas y complementos. La camisa marca la diferencia entre el look formal y el casual y nunca debe faltar en el armario de todo arquitecto. Su buen uso puede asegurarnos una buena opinión de nosotros; una mala decisión, la desaprobación social.

 camisas

De reunión, de visita de obra o a una exposición. Con maletín, carpeta o tubo portaplanos. No hay excusa para vestir bien en nuestro oficio, y más cuando detrás de cada proyecto hay también una imagen que vender.

Niños y protocolo (I)

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Me he decidido a escribir el primero de una serie de artículos sobre el protocolo en los menores por petición misma de unos amigos míos, padres de un niño de 3 años y de una niña de 2, preocupados porque sus hijos aprendan cuanto antes las normas del saber estar. Y no me parece mala idea.

De todos es sabido que los niños absorben todo el conocimiento a su alrededor como si de una esponja se tratara, por tanto resultará muy provechoso cualquier cosa para bien que podamos enseñarles. Y el protocolo es una herramienta fantástica para desarrollar su comportamiento social y su carácter, a la vez que descubren temas como el civismo o la educación.

 Sin embargo durante las últimas décadas la familia ha dejado de ser el principal agente educativo, compartiendo su peso con la escuela. La situación laboral que viven muchos padres les impide dedicar suficiente tiempo a sus hijos, supliendo este vacío con actividades exclusivamente lúdicas que carecen de carácter pedagógico.

Padres educando

Es en este orden, primero los padres y luego los niños, que deben conocer y respetar los valores del saber estar para posteriormente traspasarlo a sus hijos.

 Veamos cómo podemos introducir las normas de protocolo a los niños:

Con tiempo y práctica suficiente, los buenos modales pueden convertirse en una respuesta inmediata porque los niños los adaptan como hábitos, pasan a formar parte de su comportamiento habitual en cualquier momento del día.

Entre los 3 y 6 años nos encontramos ante la primera etapa de socialización de los niños, cuando empiezan a interactuar con otras personas con mayor intensidad fuera de casa. Comienzan las visitas a familiares, le invitan a fiestas de cumpleaños, recibe regalos… Son buenos momentos para empezar a enseñar a agradecer el regalo, dónde se abre, se da las gracias…

 1. Por favor, gracias y lo siento

Los niños tienen gran cantidad de necesidades que hasta cierta edad son incapaces de satisfacer por sí mismos. Luego piden, piden y piden. Y lo hacen de formas diversas: llantos, gritos, pataletas, gestos,… Es imprescindible que aprendan desde pequeños la importancia de pedir las cosas de manera correcta y educada, esperando su turno si es que estamos ocupados, y agradeciendo en cuanto aprendan a hablar.

Por favor, gracias y lo siento

 2. El juego de la buena educación

Leí acerca de un juego para niños, algo así como un trivial infantil pero con preguntas relacionadas con la buena educación, el comportamiento social, etc., y me pareció muy interesante. Por algún motivo el cerebro humano está más receptivo al aprendizaje cuando nos estamos divirtiendo que cuando lo forzamos al estudio. Luego puede ser una herramienta muy valiosa para los padres transformar en algo lúdico importantes lecciones como saludar, pedir perdón, respetar a los demás o ayudar en casa.

Juego de la buena educación

 3. Ponemos la mesa. ¿Juegas con nosotros?

Poner bien la mesa es algo que se escapa incluso para muchos adultos. Conocer la posición de cada objeto en la mesa y su uso es de vital importancia y los niños deben aprenderlo cuanto antes. De ese modo evitaremos que nuestros hijos adquieran malos hábitos (coger el tenedor como si de un puñal se tratase, intercambiar la posición de cuchillo y tenedor, sostener la cuchara por encima o comer con las manos, entre otros).

Aprender a poner la mesa

 Son sólo sencillas ideas (no soy pedagogo), pero que si todos los padres las pusieran en práctica probablemente no tendríamos que oír las típicas quejas acerca de que sus hijos son unos verdaderos bárbaros.

Educar para no barbarizar

El concierto de música clásica

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El pasado sábado tuve el privilegio de asistir como invitado a uno de los conciertos que la Strauss Festival Orchestra ofrecía en Barcelona, dentro de su gira por Europa. En concreto el evento tuvo lugar en el emblemático Palau de la Música Catalana. El concierto fue un éxito a pesar de que no todo a mi alrededor fue perfecto. Me explicaré.

Como amante de la música clásica disfruté enormemente del concierto, pero como buen observador no pude dejar de posar mi atención en diversas cosas que por supuesto no estuvieron a la altura del evento.

Gran Concierto de Año Nuevo

Y es que no debemos olvidar que por el momento todavía la música clásica es considerada madre de todas las músicas y, por lo tanto, un concierto clásico sigue siendo hasta la fecha un evento de categoría superior a cualquier otro. Así pues hay que prestar atención al protocolo exigido para no quedar, cuanto menos, ridículo.

El primer aspecto a tener en cuenta es el vestuario. Como todo, el vestuario debe ir acorde con la situación, el tipo de evento, la hora, el lugar… Prestar especial atención a cómo vestirnos es el primer paso para pasar inadvertido, “camuflarnos” entre el resto de espectadores que, se espera, actúen del mismo modo.

“En la variedad está el gusto”, de modo que no se exige que el hombre vista una determinada marca y un determinado color, así como tampoco puede exigirse a la mujer un vestido determinado. Pero si hablamos de elegancia ya más o menos nos hacemos una idea, y queda más que claro las prendas que debemos descartar.

¿Es correcto un pantalón y un jersey de cuello alto?

¿Puede ser un conjunto de dos piezas que no combinen entre sí?

¿Es necesaria la corbata?

Puede ser cualquier cosa que vosotros consideréis apropiada. No se trata de una boda, ni de una recepción real. Las miradas no se clavarán en vosotros si no vestís la camiseta del Bar Manolo o no lleváis playeras en lugar de zapatos.

 Jugando con los programas de mano

Pero muchas veces el comportamiento dice mucho más de una persona que el propio vestuario. Repasemos las normas básicas de comportamiento:

La puntualidad. Como ya dije en su momento es la asignatura pendiente de muchas personas, y los españoles no somos una excepción precisamente. Nunca deberíamos llegar tarde a ningún evento o cita (aunque sea entre amigos), pero menos a un concierto de esta envergadura. No únicamente por lo maleducado del gesto, sino porque nos podemos quedar fuera del mismo, sin posibilidad de poder incorporarnos ni siquiera durante el entreacto.

Por ello se recomienda llegar con 15 minutos de antelación (teatros y auditorios tienen espacios de encuentro, foyer o hall diseñados para albergar al público que espera), y aguardar de forma educada, sin que nuestra voz resulte molesta al resto de personas que esperan.

Tomando el ejemplo del Palau de la Música Catalana, una doble puerta, con un ancho aproximado de 3m, da la entrada a la sala de conciertos. Como podréis imaginar resulta imposible hacer pasar 300 personas (y creo que me quedo corto) por semejante anchura a la vez.

Todos estamos emocionados y tenemos muchas ganas de entrar, además justamente un grupo delante nuestro parece no haberse enterado de que ya se puede acceder, y una pareja a nuestra izquierda quieren hacer de nosotros un sándwich… Precisamente se espera de nosotros que seamos capaces de no permanecer mucho tiempo en el hall o los pasillos, y ocupar nuestra localidad lo antes posible. Así también ahorraremos trabajo a los acomodadores, que andarán como locos indicando asientos a los más despistados.

 entrando y saliendo ordenadamente

Silencio. Hemos venido a escuchar y no a ser escuchados. Siempre y en todo momento procuraremos respetar el silencio y si realmente tuviésemos que comentar algo con nuestro/a compañero/a intentaremos ser lo más breve posible y en un tono prácticamente inapreciable.

Comienza el concierto y precisamente la primera pieza es la obertura de Die Fledermaus (El Murciélago), de Johann Strauss II. Es un tema que sobre todo los más mayores han escuchado en la radio hasta la saciedad, y recuerdan todos y cada uno de los compases. De pronto, y en el fragmento tal vez más famoso de la obra, llega a mis oídos el típico “nanananananananana nanana na naaaaa”. Creo que todos vemos la falta de protocolo y educación, por tanto no comment.

Una sala de conciertos no es una sala de cine –aunque tampoco en éstas debería hacerse-, y por supuesto no es el salón de casa. Los conciertos cuentan con un entreacto para estirar las piernas, salir a fumar o ir al baño. Luego salvo caso de extrema necesidad no abandonaremos nuestro asiento en medio de la actuación y procuraremos movernos lo menos posible para no molestar.

Y ¿qué hay de los ataques de tos inoportunos? De suceder, saldremos un momento de la sala y trataremos de que se nos pase, tal vez con un caramelo, un poco de agua, etc…

En cuanto a la comida y la bebida, ni decir cabe que quedan terminantemente prohibidos, lo mismo que fumar dentro de la sala.

 Ataques de tos inoportunos

Se produce una pequeña pausa durante la interpretación de la obra y se oyen unos aplausos aislados. Algunos despistados no duchos en música clásica entendieron la pausa como el final de la obra y, queriendo tomar la iniciativa, solo han conseguido interrumpir y romper el momento de atención.

Debemos aplaudir solamente al finalizar la obra, y si no somos conocedores, es mejor dejarse llevar por el resto de público. De querer dedicar una ovación lo haremos con un aplauso más enérgico o incluso con algunos gritos como “Bravo!”, pero nunca con silbidos. Recordad que en nuestro país es un símbolo de descontento. Y nunca dejaremos de aplaudir hasta que el director y los músicos han abandonado el escenario por completo. Es de muy mal gusto, por ejemplo, aplaudir mientras se marchan los violines y cesar el aplauso mientras se marchan las flautas, las trompetas y la percusión.

 Aplausos y ovaciones

Al fin del concierto procederemos con la misma corrección que cuando entramos. Dejaremos salir a los ocupantes de los asientos más cercanos a la salida, y así progresivamente. Evitaremos las carreras y las voces así como invadir los espacios comunes para quedarnos a charlar un rato más.

Un apunte más para los caballeros. Es muy probable que a la salida del concierto vuestra acompañante necesite ir al baño. Tal como ya expliqué en el artículo sobre galantería, estad atentos y cogedle el abrigo y el bolso. Ella lo agradecerá y vosotros habréis ganado un punto más que, sumado al éxito del concierto, os dejará un buen sabor de boca.

La esencia del gentleman: La galantería

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Galantería.

1.       f. Acción o expresión obsequiosa, cortesana o de urbanidad.”

 [Definición según el Diccionario de la Lengua Española (DRAE)]

En el artículo de hoy permitidme que rememore la galantería, aquellos hábitos –especialmente para con las mujeres- que tan buena fama dieron al gentleman.

Tal vez en su momento fu… Pero ¿Cómo?, ¿No sabéis qué es la galantería? Puede ser, ya que al parecer hoy en día no queda ni la sombra de lo que llegó a suponer para la sociedad. Dejadme pues que os hable de ello por un instante.

Según Wikipedia (porque no nos engañemos, hoy en día tan sólo nos falta preguntar a Wikipedia acerca de nuestro futuro), existieron precedentes de galantería en tiempo de los griegos. De modo que no estamos hablando de algo inventado hace un par de días.

Durante la Edad Media, la imagen del caballero que todos tenemos en mente no es del todo infundada. Aquel caballero que tan pronto se muestra valiente y fiero en combate, como romántico y tierno recitando una trova bajo la ventana de una bella dama, puede parecer pura fantasía y sin embargo existieron realmente.

galán del siglo XVIII

O por ejemplo cuando aparecieron los primeros tratados de conducta que la clase aristocrática adoptó de inmediato, convirtiendo la vida en sociedad en un auténtico teatro. Y pese a lo que opinemos hoy en día eran más que muestras de educación, una verdadera lección de ilustración, admiración, respeto y, como no, ingenio.

 Es cierto que la galantería se atribuye especialmente al hombre hacia la mujer, y que muchos lo han considerado más como una técnica de seducción que simple protocolo. Y así ha sido, en efecto. Seguramente detrás de cada galán ha habido un seductor dispuesto a mostrar todas sus cartas. Pero aun así, ¿a qué joven no le gustaría recibir las atenciones y detalles de un galán, y sin que ello tenga necesariamente que llegar a más?

 Pues bien, para todos aquellos aspirantes a gentleman, la galantería es ante todo una actitud, no un compendio de actos y normas a seguir. Y aunque las bases de comportamiento son idénticas, es necesario remarcar que no hay dos mujeres iguales (como tampoco hay dos hombres iguales) y que no siempre la respuesta ante nuestros actos va a ser la misma. La observación es siempre nuestra mejor aliada, pues se trata de adelantarnos a lo que la otra persona está pensando simplemente con observar. El galán debe agudizar sus sentidos hasta tal punto que todo cuanto le rodea le sirva de información para actuar.

 El gentleman sabe cómo actuar en cada ocasión que se le presenta. No es un dios, pero lleva el protocolo interiorizado. Y además lo demuestra con total naturalidad, de modo que ante todo nada de gestos ni reacciones agresivas o forzadas. Os aseguro que se distingue fácilmente al caballero del que lo pretende ser.

 1. El saludo

Como hemos explicado en otro artículo acerca del saludo inicial, el caballero tomará la mano de la mujer que se la ofrezca (en caso de no conocerse lo suficiente), o bien responderá con total normalidad cuando vea a ésta mujer acercarse para saludar con un beso. En ningún caso el caballero se abalanza contra la mujer para besarla o aprieta su mano como si escurriese una esponja.

Acompañará el saludo con alguna expresión de cortesía o una presentación.

 2. Entradas y salidas

Por lo general  el caballero abre la puerta para que entre o salga la mujer, y la sostiene hasta que ésta ha cruzado. Quedan incluidas cualquier tipo de puerta: automóvil, ascensor,… Ésta acción tiene su sentido en la época en que las mujeres llevaban vestidos largos y mucho más pomposos de lo que son hoy en día. La mujer muchas veces necesitaba ambas manos para recoger su vestido y que éste no quedase atrapado al cerrarse la puerta.

Por supuesto que las mujeres son completamente capaces de abrir la puerta, no veamos este gesto como una infravaloración de la mujer, sino al contrario, como una muestra de admiración.

Aguantando la pueta

 3. Abrigos, bolsos y maletas

El inventario de una mujer cuando sale puede llegar a ser pesado y molesto incluso para ellas, pero no hay que olvidar que todo ello forma parte de su look, del cual después nosotros también nos sentiremos “orgullosos” en cierta manera.

Si entráis a una cafetería, restaurante, museo, lo que sea, cogedles el abrigo y ayudadles a ponérselo en el momento de iros. Si necesita ir al baño cogedles también el bolso. Si lleva consigo una maleta, por pequeña y ligera que parezca, también cargad con ella.

 4. La preferencia

Esto es algo que no sólo debe hacerse con las mujeres, pues es ya una norma de protocolo social. En compañía de otra persona ésta debe tener siempre preferencia, en todo.

Si vais a pedir para tomar algo o comer ella debe ser la primera en hacerlo.

Generalmente esta norma va dirigida a los hombres (probablemente como gesto de galantería con las mujeres), pero cuando ambos son del mismo sexo entonces prevalecen la edad, la posición social, etc.

Ayudando a sentarse

 5. Escaleras y ascensores

En estas dos no deja de aplicarse un principio muy sencillo, la seguridad. Podría suceder –aunque no sería debido a lo mismo-, que nosotros tropezáramos por las escalera y cayéramos. Esto cobra más sentido cuando caminas sobre unos tacones de 20cm de alto y más finos que una aguja.

Al subir las escaleras el hombre va por detrás de la mujer (y manteniendo la vista hacia arriba), y al bajarlas delante de ella.

Lo mismo sucedería con el ascensor. Sin embargo los ascensores modernos carecen de la inseguridad de sus antepasados, de modo que cederemos el paso primero a la mujer, teniendo en cuenta también de que tal vez nosotros estemos en ese momento sujetando la puerta del ascensor (si la tiene).

6. La conversación

La conversación es –y siempre será-, cosa de dos. Ya no por galantería, sino por educación, si monopolizamos la conversación corremos el riesgo de aburrir a nuestra pareja. Si por el contrario no participamos de la misma dejaremos en ella una imagen de ignorancia nada recomendable.

Lo mejor es escuchar activamente pero sin parecer todo oídos (un gentleman no es un psicólogo en su consulta, aunque en ocasiones nos toque actuar como tal), y seguir el hilo de la conversación aportando comentarios acertados, usando para ello un vocabulario correcto y educado.

 7. Los cumplidos

Como expliqué en un artículo anterior, los cumplidos tienen su propio protocolo y no siempre es una herramienta para quedar bien. El exceso de zalamerías pueden acarrear recelo por parte de ella (es fácil asociar los piropos con la seducción, cuando tal vez no sea esa nuestra situación), y acabar cansando a nuestro interlocutor.

Mi consejo es que “a nadie le amarga un dulce”, por lo que es recomendable el uso de cumplidos siempre que éstos se hagan de forma natural y controlada. Ella apreciará nuestra observación y nuestro buen gusto y nosotros habremos ganado cuando menos una sonrisa, que para los tiempos que corren no es nada despreciable.

Mad Men - AMC

 Por supuesto podríamos ampliar la lista. Hay cantidad de situaciones diarias donde poner en práctica la maestría de un galán pero como dije al principio, se trata de una actitud que debe fluir de forma natural, así que vosotros mismos descubriréis cuándo usar vuestras habilidades.