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¿Quién dijo que la vida en sociedad fuera fácil? Conflictos, desavenencias, rivalidades… Y es que no siempre podemos caer bien a todo el mundo, qué le vamos a hacer. Lo que sí que está en nuestras manos es hacer que un desafortunado encuentro acabe en una velada tranquila. ¿Y la clave es…? Os preguntaréis. La educación, y en fin, el saber estar.

La educación nos abre las puertas a un mundo de infinito conocimiento que nos prepara tanto para el mundo laboral como para el social, pues influye más de lo que nos pensamos en la elección de nuestro círculo de amistades, por ejemplo. El saber estar –los buenos modales-, complementan la educación de una persona en la especialidad del trato con otras personas, el comportamiento social.

Sorprende ver como en poco más de un siglo hemos modernizado nuestros conocimientos en todos los campos posibles, y aún podemos esperar muchos más avances en el futuro, y sin embargo hay un campo en el que retrocedemos día tras día. Y es que para cada vez más, el comportamiento social, el protocolo de las buenas maneras, es una asignatura pendiente que probablemente arrastren toda su vida. ¿Qué tenían de especial aquellos siglos pasados en los que los eventos sociales se convertían en verdaderas representaciones teatrales?

Cierto es que hoy en día las condiciones de vida son mucho mejores que hace un par de siglos, lo que ha permitido difuminar bastante más la diferencia de clases económicas, y que la tasa de alfabetización nada tiene que ver con la de en aquellos tiempos. Entonces, ¿Por qué se han perdido prácticamente aquellas normas de comportamiento social, si hasta hace un momento sosteníamos que iban estrechamente ligadas con el nivel de educación? ¿En qué momento de la historia el ser humano decidió que no era importante para sus reuniones sociales aprender cómo vestirse para cada ocasión, cómo usar unos cubiertos, cómo saludar o cómo recibir adecuadamente a unas visitas? Y sin embargo, ¿A quién no le gusta que le sostengan la puerta para entrar, le den fuego para su cigarrillo o le cedan un asiento en el autobús? De repente nadie quiere saber nada sobre protocolo social, pero a todos nos agrada tener a un gentleman cerca. Curioso, ¿verdad?

El objetivo de este nuevo blog no es el de lanzar una crítica masiva a la falta de caballerosidad de hoy día, sino más bien el de ofrecer una guía para reeducar al ciudadano actual a través de pequeños trucos, que sacarán el gentleman que todo hombre lleva dentro, haciendo de él un personaje de éxito en todo tipo de eventos sociales.

gentleman victoriano

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