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Al pasear por la calle, en el gimnasio, en la oficina,… En un mundo cada vez más poblado es difícil evitar encuentros tanto con conocidos como con desconocidos, y es que como seguramente a todos nos ha sucedido alguna vez, ¡el mundo es un pañuelo! Y como todo en esta vida tiene su manera correcta de hacerse, también un encuentro, casual o no, tiene su protocolo correspondiente.

Texto informal

La costumbre de saludarnos no pensemos que es reciente. Ni mucho menos. Podría afirmar –y que me corrijan los entendidos en antropología- que el ser humano ha sentido la necesidad de atraer la atención de con cuantos se ha cruzado desde incluso antes de que pudiéramos tener constancia por escrito de la historia.

Pero, ¿Por qué saludamos? ¿Conocemos realmente el significado de un saludo? Y, en definitiva, ¿Saludamos correctamente?

El saludo no es más que una forma de decir: “!Aquí estoy yo!”. Deseamos los buenos días o las buenas tardes o las buenas noches simplemente por rutina, aunque realmente no lo deseemos para aquella persona. Y hacemos bien. Dentro del teatro que son las relaciones sociales el saludo es una pieza más que nos eleva a la categoría de “educados”, aunque en un primer momento no tuviésemos pensado saludar bien porque la persona no nos cae en gracia, bien porque pueda tratarse de un desconocido.

En los encuentros en la calle nos encontraremos que deberemos hablar con personas que no conocemos, o que conocemos muy superficialmente. Las pautas a seguir son bien sencillas:

  • En primer lugar hay que ser prudente, pues desconocemos la edad de esa persona y si tiene algún cargo o título por el cual debamos aplicar un determinado tratamiento.
  • Hay que evitar a toda costa las confianzas con personas que acabamos de conocer.
  • Utilizaremos formas clásicas y respetuosas tanto con aquellos que ya conocemos como con aquellos que acabamos de conocer. Un trato educado siempre será nuestra mejor carta de presentación. Evitaremos pues las palmaditas en la espalda, y reservaremos los abrazos y los besos para las relaciones de mayor confianza, nunca para un saludo inicial.
  • Si esta persona inicia algún gesto de cercanía con nosotros, es de cortesía seguirlo aunque no estemos muy de acuerdo con ello.
  • Al iniciar una conversación en plena calle hay que pensar que no estamos solos y por consiguiente tener cuidado de no estorbar al resto de peatones, no pararse en medio de los portales, pasos de peatones, escaleras, etc.

En cuanto a las presentaciones, las normas de cortesía subrayan que siempre que nos encontremos con personas que no se conozcan entre ella, deberían ser presentadas. Es siempre el paso previo de cualquier relación social, la manera de que personas desconocidas no se sientan excluidas de la conversación.

Las tres reglas básicas para hacer las presentaciones son por razones de sexo, edad y categoría. Por lo demás, actuaremos de la siguiente manera:

  • Sexo: La mujer siempre será presentada antes que el hombre por una sencilla norma de cortesía muy antigua.
  • Edad: El más joven siempre es presentado al de mayor edad, por el mismo motivo que el anterior.
  • Categoría: El de menos rango o categoría es presentado siempre al de mayor rango, por razones obvias.

Presentación

Veamos unos ejemplos. Un chico joven y un anciano. Prevalece la edad al sexo y por tanto el muchacho joven será presentado a la persona mayor, salvo en una excepción, si la persona joven tuviera un cargo superior a esta otra, en cuyo caso el anciano debería ser presentado al muchacho joven.

Las reglas anteriormente expuestas, pueden variar obviamente en función del entorno donde tenga lugar el encuentro. Por ejemplo, en el trabajo estas normas no se aplicarán de igual manera que en una fiesta o un encuentro en la calle. Las excepciones más comunes a la regla son: la edad y la categoría prevalecen sobre el sexo.

Para iniciar una presentación es necesario el uso de una fórmula de introducción –normalmente suele ser: “Permítame que le presente a…”, o “quería presentarle a…”-, seguido de un apretón de manos, en el caso de caballeros, o tomar la mano en el caso de señoras.

Otras situaciones que podemos encontrarnos y que requieran seguir un protocolo especial:

  • Un caballero siempre se pone de pie cuando se le presenta a alguien, nunca puede permanecer sentado.
  • Las señoras no tienen por qué levantarse ante otras damas o los caballeros. Pero si la persona es de edad avanzada, es correcto hacerlo. Si la señora es de su edad, es de cortesía hacerlo, pero no obligatorio.
  • Al llevar guantes, las señoras pueden permanecer con ellos puestos.
  • Si el caballero lleva sombrero, boina o gorra, deberá descubrirse en el momento de la presentación, mientras que las señoras pueden permanecer con ellos puestos.

En definitiva, el saludo y la presentación no dejan de formar parte de un ritual del saber estar que por supuesto hay que conocer para triunfar en las relaciones sociales. Y en este tipo de ritual prevalece más el tener “tacto” que ninguna de las reglas básicas que hemos desarrollado.

Así que espero que a partir de ahora vuestros encuentros sean correctos.

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