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Recientemente ha aparecido una publicación en una de mis revistas preferidas. La revista GQ. Bajo el título Un hombre de bien, ¿debe depilarse?, Jose Luis Díez Garde –a quien felicito por su labor en la revista desde éste mi humilde blog-, nos habla en su artículo de la cada vez más popular práctica de depilarse entre los hombres, a la par que nos explica los diferentes métodos con sus ventajas y sus desventajas.

Pero, ¿qué podríamos decir acerca de esta práctica entre el género masculino?

Sabemos que ya en la antigua Grecia los griegos consideraban que un cuerpo depilado era el ideal de belleza, juventud e inocencia. Buena prueba de ello es el aspecto de las numerosas esculturas de la época, cuerpos depilados y sin vello púbico. Lo mismo ocurría con los romanos.

En China, la depilación era signo de higiene y pureza. Los jóvenes religiosos para ordenarse debían pasar por el ritual de la tonsura, afeitándoseles completamente la cabeza. La mayoría de ellos también cuidarán de mantener siempre depilado pecho, espalda y extremidades en su época adulta.

Los hombres de muchas tribus indígenas también depilaban sus cuerpos en señal de fuerza. Así por ejemplo, soldados aborígenes argentinos como los Puelches, Guenaken o Araucanos, también los Mayas  y diversas tribus surafricanas y de la polinesia, mantenían sus cuerpos completamente depilados.

Es cierto que los europeos se han mantenido un poco al margen respecto a la depilación, o al menos hasta hace relativamente poco tiempo, cuando la imagen del hombre se ha renovado y ya no resulta igual de atractivo para todos un cuerpo peludo. Los tiempos cambian, obviamente. Todo mi respeto a aquellos hombres que os depiléis, por supuesto, pero no está de más prestar atención a cuatro consejos para evitar miradas incómodas y comentarios que lo pueden ser más aún.

En primer lugar, y tal vez el aspecto más fundamental es saber cuándo podemos enseñar nuestro cuerpo –o parte de él-, y cuándo es absolutamente innecesario a la par que ofensivo. La sociedad se jacta de ser muy moderna, muy progresista, pero aún así el desnudo lo dejaremos para aquellas actividades y espacios que lo permitan, como por ejemplo la piscina, la playa, el vestuario o las pasarelas. Con pelo o sin él en ningún caso nos exime a poder pasear sin camiseta o a descuidar nuestro vestuario.

descamisados por las calles

Y sobre el vestuario trata el siguiente punto. Últimamente se han puesto de moda entre el género masculino ciertas camisetas muy escotadas tanto para looks informales como más formales. Error. Como he mencionado justo antes, el cuerpo se debe enseñar cuando debe enseñarse, y esta no es la ocasión. Y muy a mi pesar, firmas de gran nombre como Dolce & Gabbana o Hermès, comercializan este tipo de prendas que, lejos de acercar al hombre a la elegancia –como ya vienen haciendo desde sus inicios- lo alejan y lo desprestigian.

camisetas con gran escote

En conclusión, puede chocar con esta visión actual tan progresista de la sociedad, pero la elegancia y el decoro –que es de lo que al final trata este blog- no se consigue enseñando sino insinuando.

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