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Aprovechando las vacaciones de verano es muy corriente que las familias se reúnan algo más que durante el año o, si más no, que mejoren sustancialmente la calidad de estos encuentros. Al tener algo más de tiempo generalmente lo invertimos dedicándolo a añadir más y mejor decoración, preparar un menú más elaborado, etc.

Precisamente estuve hablando con una persona hace un par de días y me comentaba que preparaba una cena con varios invitados para la semana que viene. Meses atrás hubiéramos decidido el menú prácticamente de un día para otro, pero ahora en verano es diferente. Pues bien, tras la conversación y en vistas de que aquella persona estaba hecha un mar de dudas al respecto, he decidido dedicar algunos de mis próximos artículos a la mesa, sus complementos y a la etiqueta. E iremos descubriendo cada punto en el mismo orden con que prepararíamos todo.

mesa

Poner la mesa: Los elementos básicos.

Siendo pulcros y alejándonos de todo lo mísero y cochambroso –en fin, todo lo “cutre”-, olvidaremos manteles de papel o mantelitos individuales para cubrir la mesa. El mantel es –como sostienen los expertos en protocolo-, el vestido principal de la mesa, de modo que no hay que escatimar en detalles. Será tan importante la tela como el color o la caída. En muchas obras encontraremos infinidad de normas y reglas para escoger el color del mantel. Mi humilde opinión es que igual que sabemos combinar nuestras prendas de ropa, también el mantel debe combinar con el resto de elementos que se colocarán encima, nada más. En cuanto a la caída, miraremos que no quede corto (dejando al descubierto el bajo-mantel) ni demasiado largo, sino aproximadamente a un tercio de la altura de la mesa. Las servilletas también deberán conjuntar con éste y es colocada no importa si a la izquierda o a la derecha del plato, aunque es muy habitual encontrarlas dentro del plato.

mantel blanco

Para la vajilla es cierto que cada vez más podemos encontrar diseños muy modernos, sin embargo el diseño clásico es el único que no pasa de moda y que –a diferencia de estos nuevos y modernos diseños-, es válido para cualquier ocasión. La vajilla debe estar compuesta siempre de platos hondos, llanos y de postre como piezas fundamentales. Los bajo-platos en principio no forman parte de ésta pero son cada vez más utilizados y muy elegantes. De su colocación puntualizar que los platos se suelen colocar a unos 3 centímetros del borde de la mesa (2-3 dedos, más o menos). El plato inferior será siempre el plato llano, incluso si se va a utilizar antes el plato hondo. Nunca juntaremos dos platos iguales y es preferible presentarlos limpios y libres de rayados.

vajilla

De la cubertería no añadiré mucho más puesto que la mayoría siguen una línea básica y el material más extendido es el acero inoxidable. Únicamente tener en cuenta cuatro detalles de suma importancia: No debemos mezclar bajo ningún concepto diferentes cuberterías, nos procuraremos siempre un único juego –por muy barato que sea-, que contenga todas las piezas necesarias. Es cierto que en cuberterías más sofisticadas podemos encontrar un tipo de cubierto para cada plato, sin embargo carece de importancia el hecho de que utilicemos un cubierto específico para caracoles, siempre y cuando sepamos comer correctamente con el resto. El cuchillo irá a la derecha del plato y con el filo hacia adentro. La cuchara a la derecha del cuchillo y hacia arriba, y el tenedor, por su parte, lo situaremos a la izquierda del plato, también hacia arriba. Iremos cogiendo los cubiertos –independientemente de cuántos hayamos colocado diferentes-, desde el más alejado al más cercano al plato. De este modo nos aseguramos que estamos utilizando el cubierto correcto para cada plato. Los cubiertos de postre se colocarán en la parte superior del plato.

cubertería

Y, ¿qué hay de la cristalería? La cristalería, al igual que la vajilla, es el elemento de distinción de una mesa. Existen verdaderas virguerías de cristal que seguro harán maravillar a nuestros invitados sin que con ello desentone en el completo de la mesa. Simplemente recordar no utilizar cristal de color –por muy precioso que sea el diseño-, así como aquellos diseños que puedan hacer dudar cuál es la copa del vino y cuál la del agua. Procuraremos tener siempre copa de agua, de vino y de champán (y a partir de ahí tantas otras como se quiera), y las presentaremos completamente limpias y libres de rayados. Su disposición en la mesa se realiza en función del líquido que deba contener y del orden en que se va a consumir (no influye el tamaño de las piezas). Así, de izquierda a derecha tendríamos: copa de agua, copa de vino tinto y vino blanco y en último lugar, copa de champán.

cristalería

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