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Porque a nadie le amarga un dulce, y qué mejor dulce que el de tras un largo y agotador año de trabajo recibir un sincero reconocimiento a nuestra aportación. Un merecido agradecimiento, un modesto halago, una pequeña lisonja… En otras palabras, un cumplido.

Trabajo, actitud, apariencia o acto son algunos de los numerosos motivos por los que podríamos recibir cumplidos, o también dedicarlos. Y es que si algo se le da bien al ser sociable que es el ser humano es quedar bien con cuantos le rodean a través de cumplidos. Y podemos encontrar infinidad de ellos, algunos incluso tan comúnmente oídos que ya forman parte de ese folklore que caracteriza un país o una región y sus gentes.

Cumplidos

Sin embargo, dedicar cumplidos bien podría merecer la categoría de “arte”, puesto que puede requerir un amplio conocimiento léxico además de refinamiento al hablar. Dos atributos difíciles de encontrar en la mayoría de los colectivos de hoy en día. A pesar de ello, resulta muy conveniente (tanto para el que los dedica como para el que los recibe) potenciar de nuevo el uso de cumplidos o halagos entre la sociedad, y aquí encontraréis unos prácticos consejos.

En primer lugar debemos tener en cuenta que los cumplidos no siempre se refieren a alabanzas. Un cumplido también puede ser una crítica, siempre que ésta sea respetuosa, o incluso una muestra de dolor por algo ocurrido. En todos ellos, sin embargo, hay un factor común, una regla básica: debe de ser sincero para que sea creíble. O de lo contrario caeríamos en la hipocresía de las buenas maneras.

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En las muestras de alegría el receptor notará con facilidad si realmente nos congratulamos por él y de esa manera será complaciente para ambos. Lo mismo sucede con las alabanzas. Un halago gusta a todos por igual, pero uno creíble. Siempre evitaremos hacer exageraciones que pierden credibilidad por sí mismas además de poder llegar a herir la modestia de la persona, especialmente cuando se halla entre más personas. Por lo tanto en las alabanzas, y tal como dice la sabiduría popular, “No se debe alabar a nadie antes de la muerte, pues en las alabanzas hay siempre temor, respecto del que las da, de que falte a la sinceridad, y respecto del que las recibe, de que se envanezca por ellas”.

Tal vez las muestras de admiración por el aspecto sean las más corrientes en nuestro día a día, pero también requieren de un “savoir-faire” particular. ¿Cuándo lanzar un cumplido? ¿Es correcto dedicar un cumplido a quien no conocemos? ¿Qué fórmula debemos usar para ello? Como vemos no es nada sencillo. El mejor momento para dedicar un cumplido puede ser justo en el saludo, aunque perfectamente podría aparecer durante la conversación, o incluso al final de la misma. Dedicar cumplidos a extraños debe hacerse con sumo cuidado, pues no sabemos nada absolutamente de esa persona, y nunca abordándola como si estuviéramos poseídos por el fantasma de Casanova. Si es alguien que nos están presentando esperaremos a las oportunas presentaciones, de esa manera podremos ganar más confianza y nuestro halago será mejor recibido.

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Y, ¿qué hay del que recibe un cumplido? Exactamente lo mismo. Si estos fueran por beneficios recibidos, se deberán disminuir pero no hasta el punto que pueda parecer que se reprocha el buen gesto. Tampoco es correcto manifestar que el mismo cumplido recibido podría ser concedido al resto de personas, pues demostraríamos no tener en mucha consideración a quien nos dedica el cumplido.

Y siempre recordar emplear palabras corrientes pero educadas, vocablos singulares pero no rebuscados, incluso para alabar el aspecto de una joven en la parada del autobús, pues sólo así demostramos la buena educación, que al final es lo que distingue entre otras cosas al gentleman del que, ni lo es, ni se le parece.

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