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El pasado sábado tuve el privilegio de asistir como invitado a uno de los conciertos que la Strauss Festival Orchestra ofrecía en Barcelona, dentro de su gira por Europa. En concreto el evento tuvo lugar en el emblemático Palau de la Música Catalana. El concierto fue un éxito a pesar de que no todo a mi alrededor fue perfecto. Me explicaré.

Como amante de la música clásica disfruté enormemente del concierto, pero como buen observador no pude dejar de posar mi atención en diversas cosas que por supuesto no estuvieron a la altura del evento.

Gran Concierto de Año Nuevo

Y es que no debemos olvidar que por el momento todavía la música clásica es considerada madre de todas las músicas y, por lo tanto, un concierto clásico sigue siendo hasta la fecha un evento de categoría superior a cualquier otro. Así pues hay que prestar atención al protocolo exigido para no quedar, cuanto menos, ridículo.

El primer aspecto a tener en cuenta es el vestuario. Como todo, el vestuario debe ir acorde con la situación, el tipo de evento, la hora, el lugar… Prestar especial atención a cómo vestirnos es el primer paso para pasar inadvertido, “camuflarnos” entre el resto de espectadores que, se espera, actúen del mismo modo.

“En la variedad está el gusto”, de modo que no se exige que el hombre vista una determinada marca y un determinado color, así como tampoco puede exigirse a la mujer un vestido determinado. Pero si hablamos de elegancia ya más o menos nos hacemos una idea, y queda más que claro las prendas que debemos descartar.

¿Es correcto un pantalón y un jersey de cuello alto?

¿Puede ser un conjunto de dos piezas que no combinen entre sí?

¿Es necesaria la corbata?

Puede ser cualquier cosa que vosotros consideréis apropiada. No se trata de una boda, ni de una recepción real. Las miradas no se clavarán en vosotros si no vestís la camiseta del Bar Manolo o no lleváis playeras en lugar de zapatos.

 Jugando con los programas de mano

Pero muchas veces el comportamiento dice mucho más de una persona que el propio vestuario. Repasemos las normas básicas de comportamiento:

La puntualidad. Como ya dije en su momento es la asignatura pendiente de muchas personas, y los españoles no somos una excepción precisamente. Nunca deberíamos llegar tarde a ningún evento o cita (aunque sea entre amigos), pero menos a un concierto de esta envergadura. No únicamente por lo maleducado del gesto, sino porque nos podemos quedar fuera del mismo, sin posibilidad de poder incorporarnos ni siquiera durante el entreacto.

Por ello se recomienda llegar con 15 minutos de antelación (teatros y auditorios tienen espacios de encuentro, foyer o hall diseñados para albergar al público que espera), y aguardar de forma educada, sin que nuestra voz resulte molesta al resto de personas que esperan.

Tomando el ejemplo del Palau de la Música Catalana, una doble puerta, con un ancho aproximado de 3m, da la entrada a la sala de conciertos. Como podréis imaginar resulta imposible hacer pasar 300 personas (y creo que me quedo corto) por semejante anchura a la vez.

Todos estamos emocionados y tenemos muchas ganas de entrar, además justamente un grupo delante nuestro parece no haberse enterado de que ya se puede acceder, y una pareja a nuestra izquierda quieren hacer de nosotros un sándwich… Precisamente se espera de nosotros que seamos capaces de no permanecer mucho tiempo en el hall o los pasillos, y ocupar nuestra localidad lo antes posible. Así también ahorraremos trabajo a los acomodadores, que andarán como locos indicando asientos a los más despistados.

 entrando y saliendo ordenadamente

Silencio. Hemos venido a escuchar y no a ser escuchados. Siempre y en todo momento procuraremos respetar el silencio y si realmente tuviésemos que comentar algo con nuestro/a compañero/a intentaremos ser lo más breve posible y en un tono prácticamente inapreciable.

Comienza el concierto y precisamente la primera pieza es la obertura de Die Fledermaus (El Murciélago), de Johann Strauss II. Es un tema que sobre todo los más mayores han escuchado en la radio hasta la saciedad, y recuerdan todos y cada uno de los compases. De pronto, y en el fragmento tal vez más famoso de la obra, llega a mis oídos el típico “nanananananananana nanana na naaaaa”. Creo que todos vemos la falta de protocolo y educación, por tanto no comment.

Una sala de conciertos no es una sala de cine –aunque tampoco en éstas debería hacerse-, y por supuesto no es el salón de casa. Los conciertos cuentan con un entreacto para estirar las piernas, salir a fumar o ir al baño. Luego salvo caso de extrema necesidad no abandonaremos nuestro asiento en medio de la actuación y procuraremos movernos lo menos posible para no molestar.

Y ¿qué hay de los ataques de tos inoportunos? De suceder, saldremos un momento de la sala y trataremos de que se nos pase, tal vez con un caramelo, un poco de agua, etc…

En cuanto a la comida y la bebida, ni decir cabe que quedan terminantemente prohibidos, lo mismo que fumar dentro de la sala.

 Ataques de tos inoportunos

Se produce una pequeña pausa durante la interpretación de la obra y se oyen unos aplausos aislados. Algunos despistados no duchos en música clásica entendieron la pausa como el final de la obra y, queriendo tomar la iniciativa, solo han conseguido interrumpir y romper el momento de atención.

Debemos aplaudir solamente al finalizar la obra, y si no somos conocedores, es mejor dejarse llevar por el resto de público. De querer dedicar una ovación lo haremos con un aplauso más enérgico o incluso con algunos gritos como “Bravo!”, pero nunca con silbidos. Recordad que en nuestro país es un símbolo de descontento. Y nunca dejaremos de aplaudir hasta que el director y los músicos han abandonado el escenario por completo. Es de muy mal gusto, por ejemplo, aplaudir mientras se marchan los violines y cesar el aplauso mientras se marchan las flautas, las trompetas y la percusión.

 Aplausos y ovaciones

Al fin del concierto procederemos con la misma corrección que cuando entramos. Dejaremos salir a los ocupantes de los asientos más cercanos a la salida, y así progresivamente. Evitaremos las carreras y las voces así como invadir los espacios comunes para quedarnos a charlar un rato más.

Un apunte más para los caballeros. Es muy probable que a la salida del concierto vuestra acompañante necesite ir al baño. Tal como ya expliqué en el artículo sobre galantería, estad atentos y cogedle el abrigo y el bolso. Ella lo agradecerá y vosotros habréis ganado un punto más que, sumado al éxito del concierto, os dejará un buen sabor de boca.

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