“Érase una vez…” La correspondencia personal

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Recientemente me estoy carteando con una amiga que reside en el extranjero y pensando acerca de ello he creído interesante publicar un artículo. Porque muchas veces lo que parece ser un acto carente de importancia (más allá del contenido) es en realidad también objeto de protocolo.

Cada vez más, debido a la introducción de las nuevas tecnologías en nuestros quehaceres cotidianos, se están perdiendo usos y costumbres cuanto menos hermosos. La facilidad del correo electrónico y la presteza de la mensajería por móvil superan con creces nuestras expectativas y dejan obsoleta la tradicional correspondencia por carta. O no. Si bien ésta requiere del soporte físico (hoja de papel y sobre), de un pago adelantado (sellos) y de un tiempo mayor de llegada a destino, no olvidemos que es un método de más de dos mil años de antigüedad. Por ejemplo en España las primeras referencias a un servicio postal datan de 1213. Y todavía hoy éste es un sistema que distribuye más de 5.000 millones de envíos al año.

Además, todo gentleman que se precie no puede olvidar éste método harto usado en la práctica de la seducción, y muy efectivo. ¿Cómo puede resultar más efectivo el envío de una sola carta a decenas de emails o cientos de SMS? Sencillamente porque el soporte físico, inconscientemente, nos resulta más atractivo que un conjunto de letras en la pantalla del ordenador o del móvil. Por supuesto siempre hablamos de cartas personales (seguro que más de uno ya estaréis bromeando con las cartas del banco, de impuestos o multas). La correspondencia personal es la única capaz de convertir un sencillo mensaje en toda una explosión de sensaciones, de magnificar los sentimientos, en resumen, de llegar al corazón.

Recibir cartas personales

Pero como todo en esta vida hay dos formas de hacer las cosas: la errónea, es decir cuando no se tienen en cuenta los pequeños detalles y se obvian las pautas básicas, en cuyo caso no se consigue llegar al corazón de nadie, más bien dejar alucinado al lector; o la manera correcta, la que detallaremos aquí y que hará que se aprecie vuestra etiqueta y vuestro gusto exquisito.

Para empezar, el que sea personal implica algo más que sólo pensar el contenido del mensaje. La mejor manera es escribiendo a mano en tinta negra o azul –dejemos la tinta de colores para la adolescencia, y eso también incluye a las mujeres-. Al escribir a mano mostramos nuestra caligrafía, un secreto que no mucha gente conoce, de manera que ya creamos ésa sensación de proximidad al hacer partícipe a esa persona de nuestro “secreto”.

Mujer leyendo carta

En cuanto a la elección del tipo de papel reconozco que hay divergencias de opiniones. Protocolariamente se recomienda un papel blanco o, en su defecto, de algún color muy claro que transmita seriedad y además facilite su lectura. Sin embargo muy de moda se están poniendo las postales y cuartillas de colores y motivos elegantes –sobre todo desde la práctica del scrapbooking-, pero que erróneamente aportan más de “personal” que de serio y correcto.

Cartas de scrapbooking

Por supuesto queda completamente descartado el uso de papel cuadriculado o rayado y con brillo (resulta muy molesto para leer). También la calidad del papel dirá mucho de nosotros. Por ejemplo, no causaremos la misma impresión, incluso a un amigo/a, con un papel de calidad básica que con uno de calidad superior. El destinatario se sentirá halagado sabiendo que lo consideramos alguien especial para nosotros.

La escritura a mano puede resultar muy atractiva y cercana pero también puede presentar un verdadero reto para el destinatario. ¿Quién no tiene un amigo o conocido cuya caligrafía hemos calificado de ilegible o infantil o bromeado con referencias al mundo de la medicina? La caligrafía es un aspecto muy personal que evoluciona con nosotros y que finalmente adopta una apariencia determinada y difícil de imitar. Provoca que nuestros ojos se habitúen a ella rápidamente cuando a otros les puede resultar una misión imposible. Nuestra tarea será hacer que nuestra caligrafía se asemeje a alguna de las tipografías estandarizadas y para ello no está de más que practiquemos un poco antes, sobre todo si somos de aquellos con caligrafía de dudosa procedencia.

Caligrafía

No entraremos en fórmulas de tratamiento ni en expresiones de encabezamiento y cierre. Esto lo dejaremos para la correspondencia comercial y formal. Simplemente tener en cuenta que cualquier carta se compone de un encabezamiento, un cuerpo y una despedida, y que el orden de estos elementos hará vuestra carta más entendedora y fácil de leer. También debemos prestar especial atención a la rectitud con la que escribimos, el interlineado, los márgenes con respecto al papel, añadir una fecha y una posdata (si se desea) y, cómo no, nuestra firma.

Así que haceos con un paquete de sobres y un bloc de papel de calidad, recuperad direcciones postales de vuestros contactos y hacedles llegar una carta personal, cuando no, para las ocasiones más especiales. Ellos lo agradecerán y vosotros estaréis más cerca de convertiros en un perfecto gentleman.

 

Protocolo en las bodas

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El buen tiempo eso es lo que tiene, mientras a unos les da por estornudar de manera continuada, a otros les da por casarse. La primavera, junto con el otoño, son las dos épocas del año preferidas por los futuros novios para celebrar su boda. I no es de extrañar, los días son más largos y el Sol generoso, preludio de que el verano se acerca. Además la naturaleza se encuentra en su máximo esplendor y será fácil buscar un lugar idílico para conseguir unas fotografías perfectas y adornos florales de primerísima calidad.
Sin embargo, y aunque nos pese, reconozcamos que también junto al buen tiempo nosotros mismos tendemos tal vez a exagerar su efecto en nosotros, como si de una droga estimulante se tratara, y es relativamente fácil perder la compostura cuando todo a nuestro alrededor nos incita a ello. Y es que ya lo decían nuestras abuelas “la primavera, la sangre altera”. Y no hay nada de malo, salvo claro está que el fenómeno se produzca en medio de la celebración de boda de un amigo, un familiar, etc.
No pongo en duda la capacidad de control de cada uno y su sentido del ridículo, pero permitidme repasar cuatro puntos básicos a la hora de organizar una boda y lo que protocolariamente se espera de nosotros, ya sea como anfitriones o asistentes, simplemente a modo de repaso.

Para los novios:
No es ninguna novedad que una boda es por lo general cara. Claro está que el presupuesto varia, y mucho, en función de las expectativas de cada pareja y de los elementos que intervienen (número de invitados, lugar, calidad del menú, servicios adicionales, etc.). Pero incluso con poco presupuesto es posible -y me atrevo a decir también necesario-, que sea de calidad. Todos lo agradecerán, desde los mismos novios al invitado de compromiso.

Mucho se está distorsionando la idea tradicional de invitación. ¿Cuántas veces en vez de la clásica tarjeta (tampoco hay que seguir anclado a las viejas tradiciones. Actualizarse o morir), os ha llegado un tarjetón enorme, con una horrorosa fotografía como portada, una tipología de letra apta hasta para los más ancianos, y un mensaje absurdo que roza lo cómico? Y encima omiten muchas veces información de gran importancia y utilidad.
Seamos serios, el significado de la invitación de boda es informar de nuestro enlace a nuestros invitados, no de ser portada de una revista del corazón. En ella anotaremos por supuesto los nombres de los contrayentes, la fecha y el lugar. Y no estaría mal tampoco incluir alguna frase de cortesía (fuera de lugar queda un “Alberto y Marta. Nos casamos. Ven”), y también petición de información para alérgicos, así como petición de confirmación.

Invitaciones de boda

También a la hora de sentar los invitados a la mesa debería ser tarea sencilla si las cosas se han hecho bien, y no parecer un campamento de zombis en busca de su asiento. Además por supuesto de pensar y repensar la colocación de los invitados en las mesas teniendo en cuenta proximidad a los novios y edades, pero nunca despreciando ninguna de las mesas.

Colocación de invitados

Espectáculos de cabaret por parte de los novios no son bien vistos por ningún protocolo. Pero se hacen. En fin, cada uno verá qué imagen quiere dar de su boda y qué recuerdo quiere llevarse para toda la vida. No obstante, pensad que por norma general (salvo ciertos individuos), los invitados suelen seguir el ritmo que marcan los novios. Si estos son los primeros en salirse de la normalidad entonces preparaos para lo peor.

Espectáculo de boda

Mi último consejo es para vuestros invitados. Hemos dicho que una boda resulta cara para los novios, pero también los invitados hacen un esfuerzo por asistir a nuestra celebración. De modo que seamos siempre, y en todo momento, atentos con ellos y sus necesidades. El hospedaje de aquellos invitados que deban desplazarse fuera de su provincia de residencia. También disponer de programas de mano, o algún que otro obsequio a su llegada hará que valoren positivamente la experiencia y evita opiniones desafortunadas o arrepentimientos. Finalmente, si el alcohol va a estar muy presente durante todo el evento no está de más prever un medio de transporte alternativo.

Para los invitados:
Por lo pronto reconozcamos que todos hemos puesto esa cara de fastidio al recibir una invitación de boda, sobre todo si los novios son amistades lejanas, o cuando resulta que tenemos algún otro evento para ese mismo año. Por supuesto es nuestra decisión el asistir o no, pero no vale avisar la semana anterior. Si en la invitación aparece el mensaje “rogamos confirmación lo antes posible”, se la haremos llegar esa confirmación tal como nos dice, lo antes posible, junto con nuestras felicitaciones.

Si finalmente hemos confirmado la asistencia lo próximo que se exige de nosotros es que el día en cuestión cumplamos con las expectativas de formalidad y compostura. Empezando por el decoro al vestir. Si los novios, precavidos, han dados pequeñas pautas de vestir procuraremos adaptarnos a ellas siempre que nos sea posible, a fin de no dar mucho la nota entre el resto de invitados. Si no, a gusto de cada uno, pero –sobre todo los hombres-, tratad de elegir vuestro traje no como “nos gustaría”, sino como “se espera de nosotros”.

Pautas al vestir

El comportamiento, esa asignatura pendiente de la mayoría de invitados a una boda. Personas serias e incluso aburridas en la vida real que se llegan a transformar en verdaderos “showman” en cuanto les inunda el ambiente festivo.
Recordad cuál sería vuestro comportamiento en un restaurante de lujo, y aplicadlo en la boda de vuestro amigo de principio a fin. Podría citar infinidad de comportamientos desacertados e inapropiados que se dan en las bodas, aunque creo que todos ya las conocemos, incluso aquellos que los habéis practicado alguna vez en vuestras vidas. El alcohol no es el mejor amigo del decoro y las buenas formas cuando se toma en exceso y sin control, como suele ocurrir en esas celebraciones. Simplemente controlad vuestro cuerpo y tened presente vuestro límite. Igual que dije que los novios deberían tener en consideración a sus invitados por el esfuerzo que estos han hecho al asistir, también digo que los invitados deberían tener consideración por los novios y el esfuerzo enorme que han hecho y tratad de no arruinar ésta experiencia única en sus vidas.

Mal comportamiento en bodas

También el perfecto gentleman se sabe distinguir entre la gente por no perder nunca las formas incluso en ambientes festivos, informales y a pesar de lo que pueda llegar a suceder a nuestro alrededor en una boda.

Os recomiendo encarecidamente que repaséis algunas de estas mismas ideas de la mano de una de las bloggers más expertas en el asesoramiento de bodas, Natalia Beltrán. En su espectacular y sorprende blog Paniculatainbloom hallaréis respuestas e ideas geniales para hacer de vuestro enlace una auténtica obra de arte, digna de recordar.
http://paniculatainbloom.com/2014/01/12/informacion-basica-que-deben-saber-los-invitados-de-una-boda/

 

Hablar en público (II): Cumplidos

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Porque a nadie le amarga un dulce, y qué mejor dulce que el de tras un largo y agotador año de trabajo recibir un sincero reconocimiento a nuestra aportación. Un merecido agradecimiento, un modesto halago, una pequeña lisonja… En otras palabras, un cumplido.

Trabajo, actitud, apariencia o acto son algunos de los numerosos motivos por los que podríamos recibir cumplidos, o también dedicarlos. Y es que si algo se le da bien al ser sociable que es el ser humano es quedar bien con cuantos le rodean a través de cumplidos. Y podemos encontrar infinidad de ellos, algunos incluso tan comúnmente oídos que ya forman parte de ese folklore que caracteriza un país o una región y sus gentes.

Cumplidos

Sin embargo, dedicar cumplidos bien podría merecer la categoría de “arte”, puesto que puede requerir un amplio conocimiento léxico además de refinamiento al hablar. Dos atributos difíciles de encontrar en la mayoría de los colectivos de hoy en día. A pesar de ello, resulta muy conveniente (tanto para el que los dedica como para el que los recibe) potenciar de nuevo el uso de cumplidos o halagos entre la sociedad, y aquí encontraréis unos prácticos consejos.

En primer lugar debemos tener en cuenta que los cumplidos no siempre se refieren a alabanzas. Un cumplido también puede ser una crítica, siempre que ésta sea respetuosa, o incluso una muestra de dolor por algo ocurrido. En todos ellos, sin embargo, hay un factor común, una regla básica: debe de ser sincero para que sea creíble. O de lo contrario caeríamos en la hipocresía de las buenas maneras.

Cumplidos_2

En las muestras de alegría el receptor notará con facilidad si realmente nos congratulamos por él y de esa manera será complaciente para ambos. Lo mismo sucede con las alabanzas. Un halago gusta a todos por igual, pero uno creíble. Siempre evitaremos hacer exageraciones que pierden credibilidad por sí mismas además de poder llegar a herir la modestia de la persona, especialmente cuando se halla entre más personas. Por lo tanto en las alabanzas, y tal como dice la sabiduría popular, “No se debe alabar a nadie antes de la muerte, pues en las alabanzas hay siempre temor, respecto del que las da, de que falte a la sinceridad, y respecto del que las recibe, de que se envanezca por ellas”.

Tal vez las muestras de admiración por el aspecto sean las más corrientes en nuestro día a día, pero también requieren de un “savoir-faire” particular. ¿Cuándo lanzar un cumplido? ¿Es correcto dedicar un cumplido a quien no conocemos? ¿Qué fórmula debemos usar para ello? Como vemos no es nada sencillo. El mejor momento para dedicar un cumplido puede ser justo en el saludo, aunque perfectamente podría aparecer durante la conversación, o incluso al final de la misma. Dedicar cumplidos a extraños debe hacerse con sumo cuidado, pues no sabemos nada absolutamente de esa persona, y nunca abordándola como si estuviéramos poseídos por el fantasma de Casanova. Si es alguien que nos están presentando esperaremos a las oportunas presentaciones, de esa manera podremos ganar más confianza y nuestro halago será mejor recibido.

Cumplidos_3

Y, ¿qué hay del que recibe un cumplido? Exactamente lo mismo. Si estos fueran por beneficios recibidos, se deberán disminuir pero no hasta el punto que pueda parecer que se reprocha el buen gesto. Tampoco es correcto manifestar que el mismo cumplido recibido podría ser concedido al resto de personas, pues demostraríamos no tener en mucha consideración a quien nos dedica el cumplido.

Y siempre recordar emplear palabras corrientes pero educadas, vocablos singulares pero no rebuscados, incluso para alabar el aspecto de una joven en la parada del autobús, pues sólo así demostramos la buena educación, que al final es lo que distingue entre otras cosas al gentleman del que, ni lo es, ni se le parece.

Hablar en público (I). Conversaciones privadas

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Para el retorno de The Reform Club he querido traeros un artículo, el primero de una interesante serie sobre saber hablar en público, que llevo preparando desde hace un buen tiempo. Y con lo de saber hablar en público no me refiero a consejos sobre cómo ser un buen conferenciante, que para ello ya existen muchos expertos y más que de sobra manuales, sino a nuestras conversaciones diarias en entornos públicos.

conversaciones privadas

¿Cuántas veces nos ha sorprendido una charla entre amigos/as en el metro o el autobús, en un tono de voz excesivo y además con un contenido para nada interesante o muchas veces incluso incómodo? 43 veces en el último mes, para un servidor que habitualmente hace uso del transporte público para moverse por su ciudad. Una buena cifra, ¿verdad? Teniendo en cuenta que el mes de Octubre sólo tuvo 31 días. Escalofriante, lo sé.

¿Qué sucede entonces con nuestros modales cuando salimos a la calle? ¿Somos capaces de caminar por el lado correcto de la acera, de ceder el paso, en definitiva de ser amables con el resto de peatones, pero en cuanto cogemos el transporte público olvidamos todo cuanto aprendimos? Quisiera pensar que la rutina y muchas veces las preocupaciones del día a día ocupan nuestras mentes y bloquean nuestro conocimiento del saber estar. De modo que aquí tenéis un pequeño recordatorio de cuanto las normas de protocolo exigen de nuestras conversaciones privadas en lugares públicos.

Por supuesto que podemos hablar en el transporte público. ¡No faltaría más! Pero siempre recordando que nuestra conversación es sólo nuestra, no hagamos pues partícipe a todo el que se encuentra junto a nosotros. Es bien conocida la práctica común de escuchar las conversaciones ajenas pero aun así no daremos todavía más facilidades para ello. Así pues el tono de voz deberá ser el correcto y necesario para que se entere nuestro interlocutor o interlocutores y en ningún caso convertirlo en un pregón de fiestas.

Usar un tono de voz adecuado

En cuanto a la temática de la conversación, desgraciadamente hay que decir que no disponemos de la libertad que quisiéramos, no por ninguna norma protocolaria sino más bien por convención pública. A nuestro alrededor hay tantas y dispares opiniones sobre un mismo tema como tantas y dispares personas existen, y lo que sí nos exige el protocolo es siempre tratar con respeto el resto de opiniones. Así pues, ¿por qué no puedo hablar de cuanto me apetezca en un lugar público? Es sencillo, pues porque ¿cuántos de vosotros cumplís a raja tabla las normas de protocolo? Exacto. El respeto es un bien escaso en nuestros días, de modo que entra en juego nuestra supervivencia. Como humilde sugerencia, tratar de evitar temas que delaten nuestra afinidad política (que no nuestra opinión sobre una política específica), o nuestras creencias religiosas (que no sobre un aspecto religioso), no es protocolario pero sí de suma utilidad.

Y ya por último el lenguaje. Me cuesta creer que en pleno siglo XXI, con una tasa de alfabetización total del 97,7% (datos del INE de 2010, frente al 69,15% del año 1952), todavía nos cueste trabajo pronunciar como es debido todas las letras del abecedario, formar oraciones con sentido y expresarnos con corrección, entre otros defectos. Y aun me resulta más increíble cuando es la población joven la que peor se expresa… Recordad pues, por ejemplo, que aquella a quien llamamos “la Vane” es Vanesa, que “joder”, “mierda”, “hostia”, etc., están aceptadas coloquialmente pero no dejan de ser palabras malsonantes, y que por el contrario tampoco demostramos nada haciendo un uso excesivo de tecnicismos cuando realmente no conocemos absolutamente nada sobre un tema.

Usar un lenguaje apropiado

Citando a una conocedora del tema, Emilia Pereyra, “Puede dejarnos bastante sorprendidos el simple ejercicio de detenernos a escuchar cómo hablamos nosotros mismos”.

El protocolo de las flores

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Recientemente, uno de nuestros blogs favoritos publicó acerca de las flores que podemos encontrar en invierno. En su post, Paniculata in Bloom nos muestra unas hermosas especies invernales, perfectamente aptas para decorar una fiesta o incluso una boda.

Pero también en cuestión de flores hay un protocolo, de modo que daremos un pequeño repaso para que nuestra elección y en general nuestro gesto y su resultado sean todo un éxito.

En primer lugar, es muy corriente enviar flores, para agradecer una invitación, para felicitar a alguien, para enviarle nuestros mejores deseos,…, pero deberemos tener en cuenta que las flores siempre deben ir acompañadas por una tarjeta personal con un pequeño comentario sobre el motivo del regalo. Además, nos aseguraremos de que llegue a tiempo. Por ejemplo, para felicitar aniversarios se enviarán durante el día o incluso un día anterior.

Ramo de Camelias

Otro dato importante a tener en cuenta es la nacionalidad de la persona a quien regalaremos las flores. Ello nos dirá cuántas flores deberá tener el ramo. Por ejemplo, hay números “malditos” para ciertas culturas, de modo que cuidaremos este detalle para no meter la pata. Así, si nuestro agasajado es ruso nunca deberemos regalarle flores en número par. O si es japonés nunca le regalaremos un ramo de cuatro flores, pues se considera un número maldito en ese país.

Flores de invierno

En cuanto al significado de las flores, y siguiendo el artículo de nuestro estimado blog Paniculata in Bloom, la Azalea y el Jacinto son sinónimos de alegría de amar, algo así como “mi corazón es feliz”. En el caso de los Jacintos pueden tener pequeños matices diferentes según su color blanco, azul, amarillo, rojo o rosa; la Camelia significa orgullo por rechazo. Sin embargo rojas es una muestra de amor ardiente y eterno mientras que rosas denotan admiración y deseo de seducción pero también sensualidad, romanticismo,…; El Ranúnculo es sinónimo de reproche, “no aprecio lo que has hecho”; La Orquídea expresa seducción, sensualidad, belleza suprema; Por último, el Pensamiento (como su nombre indica) indica un pensamiento afectuoso hacia la otra persona, algo así como “sólo pienso en ti”.

regalar flores

Las flores son, en la mayoría de casos, la excusa perfecta para sonsacar una inocente sonrisa a aquella persona que apreciamos. De modo que, como ya dijo Pierre Grimblat en su film de los años 70, díselo con flores.